¿Qué pasa realmente cuando un lácteo nos cae mal? La respuesta no siempre está en una etiqueta de “intolerancia”. Hinchazón, gases o malestar después de consumir leche o sus derivados. Esto puede tener diferentes explicaciones y para comprenderlas, es necesario mirar más allá del alimento y observar cómo funciona nuestro organismo.
Para profundizar en esta relación entre lactosa, digestión y microbiota intestinal, conversamos con Omar Vargas Salas, Nutricionista Dietista, profesional con experiencia en nutrición, promoción de la salud y educación alimentaria.
Omar es miembro fundador de la Asociación de Nutricionistas del Guayas (ANUG), de la PreFederación de Nutricionistas del Ecuador (CONUDEC) y de ASEBIP (Asociación Ecuatoriana de Salud, Bienestar y Proyectos). Fue Analista Zonal de Promoción de la Salud de la Coordinación Zonal 8 entre 2019 y 2021 y vocero en radio y televisión del Ministerio de Salud Pública, Distrito 6. También ha sido ponente en congresos nacionales e internacionales y creador del taller Mindful Eating (Comida Consciente) y de iniciativas de lonchera escolar en Guayas y Manabí. Actualmente es CEO y Nutricionista del Centro Nutricional AMAGOS y fundador y propietario de FRUTEVEDA by AMAGOS, emprendimiento de frutas y vegetales deshidratados.

El primer paso: entender la lactosa
La lactosa es el azúcar natural presente en la leche. Para procesarla, nuestro organismo necesita una enzima llamada lactasa, que actúa en el intestino delgado.
Cuando existe una baja actividad de esta enzima, parte de la lactosa puede permanecer sin digerir y continuar su recorrido hasta el colon. Allí las bacterias intestinales la fermentan, generando gases y otros metabolitos que pueden relacionarse con algunas molestias digestivas.
Pero aquí aparece una diferencia fundamental que suele pasar desapercibida: malabsorción e intolerancia a la lactosa no significan lo mismo.
La malabsorción ocurre cuando el intestino delgado no logra digerir o absorber completamente la lactosa. La intolerancia aparece cuando esta malabsorción se acompaña de síntomas como hinchazón, gases, dolor abdominal, diarrea o náuseas.
Como explica Omar Vargas, “no toda persona con malabsorción de lactosa es necesariamente intolerante”.
Una respuesta que no es igual para todos
La relación con los lácteos tampoco es universal. Una persona puede tolerar cierta cantidad de un producto y experimentar molestias con otro. La cantidad consumida, el tipo de alimento y la manera en que se distribuye durante el día pueden influir en esta respuesta.
Desde su experiencia, Omar también menciona otros factores que pueden influir en la salud digestiva, como el consumo habitual de frituras, el uso de antibióticos y la salud hepática.
En otras palabras, no existe necesariamente una sola causa detrás de una molestia digestiva. El organismo responde como un sistema y cada uno de sus componentes puede formar parte de esa experiencia.
La microbiota entra en escena
Entre esos componentes existe uno que ha despertado un creciente interés: la microbiota intestinal.
Cuando la lactosa que no fue completamente digerida llega al colon, las comunidades microbianas participan en su procesamiento. Sin embargo, no todas actúan de la misma manera. Algunas pueden procesarla generando determinados metabolitos y gases con mayor rapidez, mientras que otras pueden hacerlo de forma diferente, tanto en velocidad como en cantidad.
Por eso, el nutricionista nos describe a la microbiota como un intermediario entre la lactosa que llega al colon y algunos de los síntomas que finalmente percibe la persona. Además, cuando existe lactosa sin absorber, esta puede ejercer un efecto osmótico, favoreciendo la presencia de agua en el colon y contribuyendo a la aparición de heces más líquidas o diarrea.
No todo se resuelve eliminando los lácteos
Ante la aparición de molestias, eliminar completamente los lácteos suele parecer la solución más sencilla. Sin embargo, Omar plantea una mirada diferente: “no es necesario eliminar por completo los lácteos”.
La tolerancia puede trabajarse considerando la cantidad consumida, el tipo de producto y la forma en que se incorpora a la alimentación. Entre las estrategias que menciona están reducir la cantidad en lugar de eliminarla, consumir los lácteos junto con otros alimentos y distribuir su consumo durante el día.
También señala que algunos productos fermentados, como los yogures, pueden ser mejor tolerados que la leche por algunas personas, debido a la actividad de los microorganismos presentes en ellos.
Hoy también existen alternativas con menor contenido o sin lactosa, como KEIF ZERO y KEIF Digest, que permiten ampliar las opciones para quienes necesitan adaptar su consumo de lácteos a su tolerancia individual.
Antes de eliminar, vale la pena observar
Para el Dr. Vargas, escuchar al organismo es parte fundamental del proceso. ¿Qué síntomas aparecen? ¿Cuándo comienzan? ¿Después de qué producto? ¿Qué cantidad se consumió? ¿Sucede siempre o solo en determinadas ocasiones?
Responder estas preguntas puede ayudar a comprender mejor la propia tolerancia antes de tomar decisiones restrictivas.
Cuando las molestias son recurrentes, recomienda acudir a un profesional de la salud del campo digestivo o nutricional para realizar una valoración adecuada y confirmar o descartar una intolerancia.
Porque alimentarnos mejor también implica entender antes de eliminar. La relación entre lo que comemos, nuestra digestión y nuestra microbiota es individual y dinámica. Conocerla nos permite tomar decisiones más conscientes y construir una alimentación que responda, de verdad, a las necesidades de nuestro organismo.


