Cuando pensamos en el envejecimiento de la piel, solemos pensar en colágeno, arrugas o pérdida de elasticidad. Sin embargo, existe otro protagonista que cada vez despierta más interés: la microbiota cutánea.
Para conocer más sobre su relación con la salud de la piel y el envejecimiento saludable, conversamos con Gabriela Álava, nutricionista-dietista especializada en salud hormonal femenina y alimentación complementaria .Su enfoque busca acompañar a sus pacientes a mejorar su alimentación de una manera práctica, sostenible y disfrutable, entendiendo la salud desde una perspectiva integral. La Dra. nos invita a mirar el cuidado de la piel desde una perspectiva mucho más integral.

La piel también tiene su propio ecosistema
La microbiota cutánea es una comunidad de microorganismos que vive sobre nuestra piel y cumple funciones importantes: ayuda a protegernos frente a microorganismos potencialmente dañinos, participa en la regulación de la respuesta inmunológica y contribuye a mantener una buena función de la barrera cutánea.
“No buscamos una piel ‘sin bacterias’, sino una piel cuyo ecosistema esté en equilibrio”, explica Gabriela. Y es que la salud de nuestra piel no depende únicamente del colágeno: su microbiota también forma parte de ese equilibrio.
¿Qué cambia con el paso de los años?
La edad, las hormonas, el ambiente y las características individuales pueden modificar este ecosistema. Al mismo tiempo, la piel puede perder parte de su capacidad para mantener una buena barrera y retener agua. Cuando la microbiota pierde su equilibrio —un proceso conocido como disbiosis— puede alterarse aún más la barrera cutánea y favorecer un estado de inflamación de bajo grado.
Esto puede contribuir a una piel más seca, sensible y vulnerable, además de afectar procesos relacionados con su reparación y mantenimiento. Sin embargo, Gabriela hace una aclaración importante: la disbiosis no es la causa única del envejecimiento. La genética, las hormonas, la exposición solar y el estilo de vida también tienen un papel fundamental.
¿Puede lo que hacemos todos los días influir en nuestra piel? Para Gabriela, la respuesta es clara: “Yo siempre digo que la piel también se alimenta de nuestros hábitos.”
Una alimentación variada, con suficientes proteínas, frutas, vegetales, grasas saludables, fibra y micronutrientes, proporciona componentes necesarios para mantener una piel saludable. Pero el cuidado va mucho más allá de la alimentación. Dormir bien, hacer ejercicio, manejar el estrés y protegernos del sol también forman parte de una estrategia integral.
Y aquí aparece una conexión especialmente interesante: el eje intestino-piel. Existe una comunicación entre ambos sistemas a través de mecanismos inmunológicos y metabólicos, por lo que cuidar nuestra salud intestinal también forma parte del cuidado de nuestra piel.
¿Y qué pasa con los probióticos?
La investigación sobre probióticos y salud de la piel continúa creciendo. Algunos estudios han encontrado resultados favorables en parámetros como la hidratación y la función de barrera, pero Gabriela hace una precisión importante: no todos los probióticos funcionan de la misma manera. La cepa, la dosis y la población estudiada son factores que pueden influir en los resultados. Por eso, no se puede hablar de los probióticos como si todos tuvieran exactamente el mismo efecto.
También existen investigaciones sobre ingredientes como el NMN y el transresveratrol, relacionados con procesos celulares, metabolismo, inflamación y estrés oxidativo. Sin embargo, como señala la nutricionista, la evidencia clínica todavía continúa evolucionando.
Por eso, su visión es clara: los suplementos pueden ser una herramienta complementaria dentro de una estrategia de envejecimiento saludable, pero no deben reemplazar los pilares fundamentales: alimentación, ejercicio, sueño, protección solar y manejo del estrés.
Suplementar con propósito
La suplementación puede tener un lugar dentro de una estrategia de envejecimiento saludable, siempre que exista una base construida alrededor de buenos hábitos.
En el caso de productos como Longevity, Gabriela destaca el interés de reunir diferentes ingredientes que están siendo estudiados dentro del campo del envejecimiento saludable. Sin embargo, antes de incorporarlos es importante considerar las necesidades individuales, el estado de salud, medicamentos, alimentación y estilo de vida.
“La idea no es tomar suplementos por tomar sino utilizarlos estratégicamente para complementar una base que ya debería estar construida”, señala.
La longevidad empieza mucho antes de una arruga
Cuidar nuestra piel a largo plazo no significa intentar detener el paso del tiempo. Significa acompañar cada etapa con hábitos que ayuden a mantener nuestra salud y bienestar.
Por eso, el consejo de Gabriela es sencillo pero poderoso: “No esperemos a que aparezcan los signos del envejecimiento para empezar a cuidar nuestra salud.”
Alimentación, movimiento, descanso, manejo del estrés, protección solar y salud intestinal forman parte de ese camino. Y para la Nut. Gabriela, la verdadera longevidad no consiste en intentar parecer jóvenes para siempre, sino en conseguir más años de vida saludable y disfrutarlos con la mejor calidad de vida posible.


